8M: El Monumento a la Patria de Mérida se pinta de morado
Para conmemorar el Día Internacional de la Mujer este 8 de marzo, más de 10 mil mujeres pintaron de morado las calles de Mérida exigiendo sus derechos

En una jornada histórica por el Día Internacional de la Mujer, más de 10 mil manifestantes desbordaron las principales avenidas de la capital yucateca.
El contingente, que partió del Parque de la Mejorada con destino al Monumento a la Patria, transformó la ciudad en un escenario de exigencia de justicia, portando pancartas y coreando consignas que denunciaban la violencia de género y la impunidad que prevalece en la región.
A diferencia de años anteriores, las colectivas decidieron evitar el Centro Histórico, donde el Palacio de Gobierno y la Catedral ya habían sido blindados con vallas metálicas.

Esta estrategia buscó desplazar el foco de la protesta hacia el Paseo de Montejo, permitiendo que la movilización fluyera sin los bloqueos institucionales que suelen caracterizar los alrededores de la Plaza Grande, priorizando así la seguridad y la visibilidad de su mensaje.
El primer punto de tensión ocurrió en el Monumento a Justo Sierra. Durante su paso, las manifestantes lograron derribar las vallas de protección que rodeaban la estructura.
En cuestión de minutos, el monumento fue intervenido con pintura y se registraron focos de incendio como acto de protesta simbólica. La acción dejó clara la determinación de la marcha: derribar las barreras físicas que el estado interpone ante sus demandas.
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR:
Consignas, pintas y una sola voz para exigir por las mujeres en Yucatán

Al llegar al Monumento a la Patria, el punto culminante de la movilización, la escena se repitió con mayor intensidad. La estructura metálica que resguardaba el perímetro fue derribada por la fuerza colectiva.
A pesar de que agentes de seguridad se encontraban apostados dentro del recinto, decidieron retirarse estratégicamente al notar que el contingente estaba decidido a ingresar a cualquier costo, evitando así una confrontación directa y permitiendo el paso de las mujeres.
Una vez dentro del recinto histórico, el monumento se convirtió en un mural de denuncia pública. Las manifestantes plasmaron con pintura los nombres de sus presuntos violentadores, convirtiendo la piedra en un registro vivo de las deudas de justicia en el estado.

Esta acción de “iconoclasia” fue defendida por las asistentes como una forma de visibilizar el dolor y la rabia de las víctimas que no han sido escuchadas por las vías institucionales.
La protesta concluyó de manera pacífica tras las intervenciones, dejando tras de sí un Paseo de Montejo transformado por el activismo.
La masiva asistencia de este año reafirma que el movimiento feminista en Yucatán sigue creciendo en organización y fuerza, enviando un mensaje contundente a las autoridades sobre la urgencia de garantizar una vida libre de violencia para todas las mujeres de la entidad.




