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Gallina criolla: Guardiana de la autonomía alimentaria en los solares mayas de Yucatán

Esta especie se caracteriza por su diversidad genética, que prioriza la resistencia al clima, las enfermedades y la capacidad de alimentarse con recursos locales

En el corazón de los solares mayas de Yucatán, el cacareo de la gallina criolla es más que un sonido rural, es un símbolo de resistencia, tradición y seguridad alimentaria. Estas aves de traspatio, criadas con métodos ancestrales, se erigen como un pilar fundamental para la resiliencia de las familias ante los desafíos climáticos y económicos.

Lejos de los sistemas industriales, la gallina criolla yucateca se caracteriza por su extraordinaria diversidad genética, resultado de una selección centenaria que prioriza la resistencia al clima, las enfermedades y la capacidad de alimentarse con los recursos locales.

“La gallina criolla es de libre pastoreo, se alimenta de forma natural con hojas de chaya, ramón, masa de maíz e insectos”, explican integrantes del Centro Reproductor de Gallina Criolla de Chacsinkín.

Este patrimonio biocultural enfrenta amenazas críticas: la introducción de razas comerciales, el cruzamiento indiscriminado y los eventos climáticos extremos como huracanes y sequías.

Frente a este panorama, surgió una iniciativa comunitaria transformadora. El Centro Reproductor de Gallina Criolla, integrado por 14 solares mayas (liderados principalmente por mujeres), se dedica a la recuperación y mejoramiento de cinco biotipos únicos: la Trámpica, famosa por su huevo azul de alto valor proteico; la Chaparrita, apreciada por su carne; la Pelona (o cuello desnudo), la Mulata y el Nurillo.

“Es resistente, fuerte, no requiere antibióticos”, destacan sobre un animal adaptado perfectamente al territorio peninsular.

El proyecto, que vio su momento crucial durante la pandemia por la pérdida de empleos, recibió el impulso vital del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en México y la Fundación W.K. Kellogg.

La iniciativa fortalece la organización comunitaria a través de cajas de ahorro solidario y ha abierto nuevas vías de comercialización. Las mujeres productoras venden sus aves y huevos directamente en sus comunidades y, cada vez más, a través de medios digitales, generando ingresos adicionales con un producto premium, valorado por su origen natural y su calidad.

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