Familias y escuelas ajustan rutinas ante mañanas frías en Yucatán
Padres modifican horarios, abrigo y alimentación para proteger a niñas y niños durante el inusual descenso de temperatura en el estado.

En los últimos días, las bajas temperaturas asociadas a un frente frío poco común en Yucatán han puesto a prueba la rutina de padres de familia, docentes y estudiantes.
Los termómetros han descendido por debajo de lo habitual para esta región, lo que ha llevado a que la movilidad de las mañanas, especialmente antes de que salga el sol, sea más lenta y con mayor precaución por parte de quienes trasladan a sus hijos a la escuela, tanto en zonas urbanas como rurales.
Esto obliga a salir más temprano de casa, abrigar bien a los pequeños y prever tiempos extra de traslado para evitar exponerlos demasiado al aire frío.

Con la llegada de las temperaturas más bajas, las mañanas cambiaron desde la noche anterior. Muchas familias dejan listas chamarras, sudaderas, calcetas gruesas e incluso doble playera para reducir el impacto del cambio de temperatura al salir.
En los más pequeños se volvió común el uso de gorros o prendas que cubren las orejas, ya que el aire frío de la madrugada es lo que más resienten al caminar o esperar transporte.
Otra medida que se volvió frecuente es ajustar los tiempos de salida. Algunas familias esperan unos minutos más dentro de casa antes de salir, aunque eso implique prisas posteriores, con tal de evitar que los niños permanezcan a la intemperie mientras aún está oscuro.
También se reduce el tiempo de espera afuera: ahora aguardan dentro del automóvil o en espacios resguardados hasta que llega el transporte escolar.
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La alimentación también se adapta a estas jornadas. Se priorizan bebidas calientes por la mañana, como leche tibia o atole, además de desayunos más completos que ayuden a mantener energía y calor corporal.
En algunos casos, se envían termos con líquidos tibios en la mochila, considerando que los salones pueden sentirse fríos durante las primeras horas de clase.
En la vía pública se perciben cambios. Más adultos acompañan personalmente a sus hijos hasta la entrada de la escuela, incluso en grados donde normalmente ya acudían solos.
Las caminatas son más rápidas, con niñas y niños cubriéndose el rostro con la chamarra o manteniendo las manos en los bolsillos.
También aumenta el uso del automóvil, incluso en trayectos cortos, para evitar la exposición prolongada al viento frío.
Entre capas de ropa, bebidas calientes y traslados más cuidadosos, las familias ajustan su rutina diaria para que el frío no represente un riesgo.
Son cambios sencillos, pero constantes, que reflejan cómo desde casa se toman decisiones cotidianas para proteger la salud de los menores en mañanas inusualmente frías para el estado.





