Humedales urbanos bajo la ciudad refrescan, filtran agua y albergan 97 especies de aves
Antiguas sascaberas conectadas al manto freático funcionan como infraestructura verde en Mérida, reducen calor e inundaciones y sostienen alta biodiversidad, advierte investigadora de la ENES UNAM

Bajo el asfalto y el concreto que avanzan sin pausa en Mérida, antiguas sascaberas convertidas en humedales urbanos emergen como un salvavidas ecológico.
La doctora Karla Rodríguez Medina, investigadora de la ENES UNAM, explicó que en solo cuatro de estos “parques hundidos” el monitoreo científico de más de un año ya documentó 97 especies de aves, entre residentes y migratorias, además de anfibios, reptiles y vegetación densa conectada al manto freático.
Esta combinación no solo sostiene biodiversidad, también enfría el entorno, capta agua de lluvia y ayuda a limpiar el aire en una ciudad cada vez más calurosa.

La especialista detalló que la transformación ha sido silenciosa pero constante: los huecos dejados por la extracción de piedra comenzaron a retener agua de forma natural, formando microecosistemas que hoy funcionan de manera similar a humedales naturales en plena zona urbana.
El monitoreo permitió registrar fauna que depende de la humedad permanente, así como cobertura vegetal que sirve de refugio, alimentación y reproducción, consolidando estos sitios como nodos de vida silvestre dentro de la mancha urbana.
Como ejemplo citó el Biocorredor Ecológico del Poniente, donde las inundaciones estacionales limitan el acceso y reducen la presión humana, mientras la vegetación densa actúa como filtro natural y barrera frente al avance urbano.
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Estos humedales también cumplen funciones directas para la población: la combinación de agua y vegetación mitiga islas de calor, capta y retiene lluvia, y disminuye riesgos de encharcamientos durante precipitaciones intensas.
Además, participan en la captura de carbono y en la mejora de la calidad del aire, ya que árboles y plantas absorben contaminantes y regulan el microclima, algo clave ante el aumento de temperaturas extremas.
La investigadora advirtió que su conservación depende de un equilibrio delicado y que la integración ciudadana debe ser respetuosa, privilegiando actividades de bajo impacto como el avistamiento de aves, para no alterar la dinámica natural de estos oasis urbanos que se han vuelto pieza fundamental para la resiliencia ambiental de la ciudad.





