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Maíces nativos de Yucatán resisten entre temporal, baja producción y valor ceremonial

En las parcelas familiares, estas variedades no solo representan alimento, sino herencia.

En Yucatán sobreviven al menos siete variedades de maíz nativo cultivadas a pequeña escala en milpas de municipios como Valladolid, Peto, Ticul, Sotuta y Tekax, donde la producción depende casi por completo del temporal, un factor que cada año reduce superficies y rendimientos. Algunas de estas semillas, como el maíz negro usado en rituales y el de grano alargado reservado para ceremonias, ya se siembran en cantidades mínimas, mientras que las variedades blancas y amarillas sostienen la base alimentaria local; esta combinación de diversidad genética, valor cultural y baja escala productiva coloca a estos maíces en una zona de alerta que va más allá del campo y toca la identidad y la seguridad alimentaria regional.

En las parcelas familiares, estas variedades no solo representan alimento, sino herencia. El sac nal y el kan nal dominan las siembras por su utilidad diaria en tortillas y masa, mientras otros como el ek nal, de tonalidad oscura, y el dzit bakal, de grano alargado, permanecen ligados a contextos ceremoniales y preparaciones especiales, lo que limita su cultivo a ciclos reducidos.

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Productores de la zona sur del estado señalan que cada vez resulta más difícil mantener la diversidad de semillas ante la presión de maíces comerciales, los costos de producción y la irregularidad de las lluvias. Eleuterio Caamal Tuz, agricultor, explicó que muchos siembran menos porque el temporal ya no es seguro y se priorizan variedades que garanticen alimento inmediato, dejando de lado las que tardan más o producen menos, por lo que algunas especies se cultivan solo en pequeñas porciones o se abandonan.

Indicó que el sistema de milpa, que combina maíz con frijol, calabaza y otros cultivos, sigue siendo el principal resguardo de estas semillas. Sin embargo, al no existir producción industrial ni cadenas de comercialización amplias para estos granos, su permanencia depende casi exclusivamente de la conservación comunitaria y del intercambio local entre productores.

Además de su valor alimentario, estos maíces conservan un peso cultural profundo en comunidades mayas, donde ciertos colores y formas del grano se asocian con celebraciones, ofrendas y tradiciones ancestrales. La pérdida de una variedad no solo implica menor diversidad agrícola, sino la desaparición de prácticas ligadas a la identidad regional.

Especialistas en agricultura tradicional advierten que, si no se incentiva la siembra y el consumo local de estos maíces, algunas variedades podrían desaparecer en pocos años. La conservación, coinciden, no depende solo de programas, sino de que las nuevas generaciones continúen sembrando, consumiendo y valorando las semillas que han sostenido a la península durante siglos.

Darcet Salazar

Posee formación en Derecho y Periodismo, con experiencia en temas relacionados con salud, ecología, cultura y artes. Promueve la defensa de los derechos de las mujeres y de los sectores más vulnerables, abordando estos temas con una perspectiva de género objetiva y comprometida.

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