Lek y calabazo: utensilios ancestrales de la milpa que aún resisten en el interior de Yucatán
Se puede ver aún, especialmente entre personas mayores y milperos que continúan preservando estas tradiciones

En los rincones rurales de Yucatán sobreviven utensilios que forman parte de la memoria colectiva del pueblo maya. Entre ellos destacan el lek y el calabazo, herramientas sencillas pero fundamentales que durante generaciones acompañaron a los milperos en sus jornadas de trabajo y en la vida cotidiana del campo.
El lek es una pequeña jícara elaborada a partir del fruto seco del árbol de jícaro. Su origen se remonta a prácticas prehispánicas, cuando los pueblos mayas aprovechaban los recursos naturales de su entorno para fabricar recipientes resistentes y ligeros. Por su parte, el calabazo, de diferentes tamaños, también se obtenía de frutos secos y se utilizaba principalmente para transportar agua o bebidas como el pozol o el balché, indispensables para refrescarse durante las largas horas de trabajo en la milpa.
Para los milperos, estos utensilios eran más que simples recipientes: representaban una solución práctica y natural para el día a día. El lek se usa para poner tortillas o conservar agua, mientras que el calabazo podía funcionar como contenedor portátil que se colgaba o cargaba durante las labores agrícolas. Su ligereza, durabilidad y origen natural los convirtieron durante décadas en objetos indispensables dentro de la cultura campesina yucateca.
Hoy en día, el uso del lek y el calabazo ha disminuido considerablemente en los hogares de las ciudades de Yucatán, donde los recipientes de plástico, vidrio o metal han ocupado su lugar. Sin embargo, en comunidades del interior del estado todavía es posible verlos en uso, especialmente entre personas mayores y milperos que continúan preservando estas tradiciones. En ellos se mantiene viva una parte importante del patrimonio cultural y cotidiano de la región.




