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¿Y si la convocatoria ya no se trata de fútbol, sino de atención?

EL MOMENTO RUDO - Juan Pablo Rivera

Opinión | 31/05/2026| 21:36

Hubo un tiempo en que las convocatorias de las selecciones eran simples.

Un entrenador se sentaba frente a una mesa.

Leía nombres.

Los medios los replicaban.

Y listo.

La noticia duraba unas horas.

Hoy eso sería impensable.

Porque el fútbol moderno entendió algo que otras industrias tardaron años en descubrir: la atención vale tanto como los resultados.

Y por eso las convocatorias rumbo al Mundial de Fútbol se han convertido en algo más parecido a una campaña publicitaria que a un anuncio deportivo.

Videos cinematográficos.

Presentaciones virales.

Creadores de contenido.

Influencers.

Referencias culturales.

Narrativas diseñadas para viajar por redes sociales en cuestión de minutos.

Y lo más interesante es que funciona.

Porque la convocatoria ya no compite únicamente contra otras noticias deportivas.

Compite contra videojuegos.

Contra series.

Contra plataformas de streaming.

Contra millones de publicaciones que intentan capturar la atención del espectador todos los días.

Por eso la creatividad dejó de ser un lujo.

Se convirtió en una necesidad.

Las federaciones lo saben.

Las marcas también.

Y ahí es donde aparece una de las grandes transformaciones del deporte moderno.

El fútbol ya no se vende solamente con goles.

Se vende con historias.

Con emociones.

Con experiencias.

Con contenido.

Por eso vemos selecciones que presentan a sus convocados mediante formatos que hace apenas unos años hubieran parecido absurdos.

Porque entendieron que el anuncio ya no es el final del proceso.

Es el inicio de la conversación.

Y mientras más personas hablen de ello, mejor.

No importa si son aficionados de toda la vida o personas que normalmente ni siquiera siguen el deporte.

Lo importante es estar presentes en la conversación.

Eso tiene un valor enorme.

Porque detrás de cada convocatoria existe una industria multimillonaria.

Patrocinios.

Derechos de transmisión.

Venta de productos.

Campañas comerciales.

Activaciones digitales.

Un ecosistema completo que necesita mantener viva la atención del público.

Y ahí es donde marcas como Adidas han entendido perfectamente hacia dónde va el juego.

Sus campañas recientes ya no muestran únicamente a futbolistas pateando un balón.

Muestran personajes.

Historias.

Universos.

Estrellas del fútbol experimentando nuevas formas de jugar, de competir y de relacionarse con el público.

El mensaje es claro.

La cancha ya no termina en la línea de banda.

Ahora continúa en la pantalla del teléfono.

En las redes sociales.

En las plataformas digitales.

En cualquier lugar donde exista una audiencia dispuesta a mirar.

Y eso cambia completamente las reglas.

Porque antes bastaba con tener buenos jugadores.

Hoy también necesitas saber contar una historia.

Necesitas generar expectativa.

Necesitas construir una narrativa que haga que la gente quiera seguir mirando incluso cuando no hay partidos.

Ese es el verdadero negocio detrás del Mundial.

No solo vender fútbol.

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Vender atención.

Y quienes entiendan eso mejor que nadie tendrá una ventaja enorme en los próximos años.

Porque el balón sigue siendo el protagonista.

Pero cada vez queda más claro que la creatividad también quiere jugar de titular.

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