Campesinas mayas reivindican la milpa como legado vivo y guardianas de la cultura alimentaria
Colectivos de distintas regiones de Yucatán compartieron saberes sobre agroecología, soberanía alimentaria y preservación de las tradiciones durante un conversatorio organizado por Sedeculta.

La milpa, el solar y la cocina tradicional fueron reconocidos como pilares de la identidad y la memoria de las comunidades mayas durante el conversatorio “Mujeres, milpa y memoria desde el fogón”, organizado por la Secretaría de la Cultura y las Artes (Sedeculta), donde campesinas de distintas regiones de Yucatán compartieron experiencias sobre soberanía alimentaria, agroecología y preservación del patrimonio cultural.
El encuentro, realizado en la Cineteca del Teatro Armando Manzanero, reunió a representantes de cinco colectivos de mujeres que trabajan para conservar semillas nativas, recetas ancestrales y formas tradicionales de cultivo, fortaleciendo la autonomía de sus comunidades y la transmisión de conocimientos entre generaciones.
Participaron Matilde Hoil, del colectivo Móots: Raíces Vivas, de Chechmil; Fátima Castillo, de Solar Maya Pachpakal, de Maní; Mine Xiu, de Solar Maya Ya’ax Che’, de Mama; Gelsy García Ceh, del colectivo Maíz Criollo, de Kantunil, y Valiana Aguilar, de Suumil Móokt’aan, de Sinanché, quienes coincidieron en que la conservación de la milpa garantiza la permanencia de alimentos tradicionales y de prácticas heredadas por madres y abuelas.
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Durante la actividad se proyectaron audiovisuales surgidos del Primer Encuentro de Mujeres Campesinas Mayas, celebrado el año pasado, donde comenzó una red de colaboración para intercambiar semillas, recetas tradicionales como el toksel y el iswaaj, además de estrategias para fortalecer los sistemas alimentarios comunitarios.
La titular de Sedeculta, Patricia Martín Briceño, destacó que la milpa constituye uno de los principales legados de la cultura maya al concentrar conocimientos, prácticas comunitarias y formas de vida que siguen vigentes, mientras que el encuentro permitió reconocer el papel de las mujeres campesinas en la protección del territorio, la justicia alimentaria y la preservación del patrimonio cultural vivo de Yucatán.




