Chicle natural de Yucatán: la historia del látex que aún se extrae del árbol del chicozapote
Durante décadas fue uno de los productos más emblemáticos de la selva maya

En lo profundo de la selva de la península de Yucatán, el chicle natural sigue brotando de un árbol que marcó la historia económica de la región: el chicozapote. Durante gran parte del siglo XX, la extracción de su látex convirtió al sureste mexicano en el principal proveedor de la goma base utilizada para fabricar chicles en todo el mundo. Aunque hoy el mercado es distinto, la tradición chiclera continúa viva en algunas comunidades forestales.
El proceso sigue siendo prácticamente el mismo que hace más de cien años. Los chicleros realizan cortes en forma de zigzag en el tronco del árbol para recolectar el látex blanco, que posteriormente se hierve hasta obtener una masa espesa y elástica. Ese material se solidifica en bloques que después pueden transformarse en chicle natural o utilizarse como base para productos de goma de mascar.
Con la llegada de las gomas sintéticas derivadas del petróleo en la segunda mitad del siglo XX, la demanda internacional de chicle natural disminuyó drásticamente. Grandes compañías dejaron de comprarlo y la actividad perdió el protagonismo económico que alguna vez tuvo en la región. Sin embargo, el producto no desapareció.
Hoy el chicle de origen natural se sigue produciendo en menor escala en estados como Yucatán, Quintana Roo y Campeche. Cooperativas comunitarias lo venden a mercados especializados que buscan productos orgánicos, biodegradables y libres de plástico. En ese nuevo nicho, el antiguo látex del chicozapote ha encontrado una segunda vida, conectando una tradición centenaria con las tendencias actuales de consumo sostenible.




