
Descubre el encanto del “Pueblo Blanco de América”, un destino que mezcla la mística de Juan Rulfo con paisajes verdes y una gastronomía inolvidable.
Cuando uno escucha el nombre de Comala, es inevitable sentir un ligero escalofrío literario. Este pequeño pueblo en el estado de Colima está intrínsecamente ligado a una de las obras cumbres de las letras mexicanas: Pedro Páramo. Sin embargo, a diferencia del lugar árido y fantasmal que describe Juan Rulfo en su novela, el Comala real es un vergel lleno de vida, vegetación exuberante y un clima envidiable que invita a quedarse para siempre.
Conocido como el “Pueblo Blanco de América”, Comala destaca por su uniformidad arquitectónica que transmite una paz inmediata. Sus calles empedradas y sus casas pintadas de inmaculado blanco con techos de teja roja crean una postal perfecta que contrasta con el verde intenso de la vegetación circundante. Es un destino ideal para quienes buscan desconectar del ruido de las grandes ciudades y sumergirse en un ambiente bohemio y tradicional.

Entre la realidad y la leyenda de Rulfo
Aunque Juan Rulfo ubicó su famosa historia en un lugar llamado Comala, el pueblo real se ha encargado de resignificar esa conexión. Aquí no encontrarás almas en pena susurrando entre muros secos, sino una comunidad vibrante que celebra su herencia. En el jardín principal, podrás encontrar una estatua del escritor sentado en una banca, invitando a los turistas a tomarse una foto y a releer sus páginas bajo la sombra de los árboles. Es un homenaje constante a la magia de las palabras, donde la ficción sirve como puerta de entrada para descubrir la belleza tangible de la región.
El guardián de fuego y la naturaleza
Uno de los mayores atractivos de visitar este Pueblo Mágico es su ubicación privilegiada a las faldas del Volcán de Fuego de Colima. Desde casi cualquier punto del pueblo, y especialmente desde la carretera que lleva hacia la zona norte, se tienen vistas espectaculares del coloso. La geografía de la zona, llena de barrancas y ríos, permite realizar actividades de ecoturismo en los alrededores, como senderismo en la Laguna de Carrizalillos, un cráter volcánico inactivo rodeado de montañas ideal para un día de campo.
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Una experiencia gastronómica obligada
No se puede hablar de Comala sin mencionar su riqueza culinaria. Los portales del centro son el punto de reunión por excelencia. Aquí la tradición dicta sentarse a disfrutar de las “botanas”, platillos que se sirven de acompañamiento al pedir una bebida. Es imperativo probar el ponche de Comala, una bebida artesanal preparada con mezcal y frutas locales como granada, nuez, cacahuate o tamarindo. Además, el café de la región es reconocido por su alta calidad, cultivado en las zonas altas bajo sombra, ofreciendo un sabor robusto y aromático.
Cultura y artesanía en la Ex Hacienda de Nogueras
A muy poca distancia del centro se encuentra la comunidad de Nogueras, hogar de una ex hacienda cañera del siglo XVII que hoy funciona como centro cultural y museo. Este espacio fue restaurado por el famoso artista colimense Alejandro Rangel Hidalgo, creador de un estilo pictórico único que ha dado identidad al estado. El museo alberga una colección impresionante de cerámica prehispánica y muebles diseñados por el propio artista, cerrando con broche de oro una visita llena de historia y arte.





