
Por: Jorge Sanén, Diputado de la Transformación
Gobernar un estado como Quintana Roo implica entender una realidad muy particular: aquí nada se queda quieto. Somos un territorio en constante crecimiento, con alta movilidad social, económica y demográfica. Cada año llegan nuevas familias, nuevas inversiones, nuevas oportunidades… y también nuevos retos. En un contexto así, la política no puede improvisarse: tiene que ser responsable, cercana y con visión de largo plazo.
Las sociedades dinámicas exigen gobiernos que sepan anticiparse. No basta con reaccionar cuando el problema ya estalló; es necesario planear antes, ordenar el crecimiento y garantizar que el desarrollo no deje a nadie atrás. En estados como el nuestro, donde conviven turismo internacional, migración interna, juventudes, trabajadores del sector servicios y comunidades históricamente rezagadas, la gobernabilidad se construye todos los días.
La Cuarta Transformación entendió que el crecimiento económico, por sí solo, no genera bienestar. Durante muchos años, Quintana Roo creció sin orden: se expandieron las ciudades, aumentó el turismo, pero no siempre crecieron los derechos ni los servicios públicos al mismo ritmo. Hoy el desafío es distinto: crecer, sí, pero con justicia social, con infraestructura suficiente, con servicios de salud, educación, vivienda y movilidad que respondan a la realidad del territorio.
Gobernar un estado en constante crecimiento implica coordinarse. Ningún nivel de gobierno puede hacerlo solo. La estabilidad política se construye con diálogo entre municipios, estado y federación, con planeación institucional y con una agenda clara que ponga al centro a las personas. Cuando hay coordinación, el crecimiento deja de ser un problema y se convierte en una oportunidad compartida.
Desde el Congreso del Estado, este reto se asume con responsabilidad. Legislar para un Quintana Roo dinámico significa crear marcos legales que acompañen el desarrollo, que fortalezcan el ordenamiento territorial, que protejan derechos laborales, que impulsen el turismo con bienestar y que garanticen presupuestos sociales acordes al ritmo de crecimiento del estado. La ley debe ir a la par de la realidad, no quedarse atrás.
La estabilidad política no se logra con discursos, se logra con resultados. Cuando la gente ve que hay servicios, oportunidades, programas sociales y gobiernos cercanos, se fortalece la confianza pública. Y esa confianza es clave en estados donde la población cambia, se mueve y se renueva constantemente.
Quintana Roo es ejemplo de lo que significa gobernar en movimiento. Por eso necesitamos gobiernos responsables, con método, con visión y con sensibilidad social. Gobernar sociedades dinámicas no es sencillo, pero es profundamente transformador cuando se hace con el pueblo y para el pueblo.
Ese es el reto que asumimos: que el crecimiento de Quintana Roo sea ordenado, justo y sostenible. Porque solo así el desarrollo se convierte en bienestar real para todas y todos.





