Cumbre BRICS en Brasil: Lula denuncia el conflicto en Gaza y critica la política comercial de Trump

La ciudad carioca es nuevamente el epicentro de la política internacional. Este domingo comenzó la primera cumbre ampliada de los BRICS, el bloque que ahora reúne a once países y que se enfrenta a una coyuntura marcada por tensiones globales: la guerra comercial con Estados Unidos, los conflictos persistentes en Ucrania y Oriente Medio, y el debate sobre el orden mundial.
Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil y anfitrión del foro, inauguró el encuentro con un discurso contundente. Hizo un llamado directo a los países asistentes para no permanecer “indiferentes” al “genocidio” que, según sus palabras, Israel estaría cometiendo en Gaza. También insistió en que postergar una reforma del Consejo de Seguridad de la ONU solo vuelve al mundo “cada día más peligroso”, mientras señalaba con dureza el creciente gasto en defensa por parte de los miembros de la OTAN.
El foro BRICS, que agrupa a potencias emergentes como Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, además de nuevos miembros como Egipto y Etiopía, arrancó sin la presencia física del presidente chino Xi Jinping, quien envió a su primer ministro como delegado, y con una intervención virtual del mandatario ruso Vladimir Putin, aún aislado de la escena diplomática occidental.
Aunque el documento preliminar de la cumbre evita mencionar nombres propios, entre líneas es claro el mensaje: el bloque buscará frenar el unilateralismo comercial, una referencia implícita a las políticas proteccionistas del presidente estadounidense Donald Trump. El republicano fijó para esta semana una fecha límite para renegociar acuerdos comerciales, bajo la amenaza de imponer aranceles de hasta el 100 % a productos provenientes de países que, según él, “pongan en riesgo la hegemonía del dólar”.
En ese contexto, la declaración final de la cumbre podría marcar un punto de inflexión para el comercio internacional. Lula advirtió que, de no reformular las reglas actuales, “vamos a terminar el siglo XXI como empezamos el XX”, en alusión a los desequilibrios históricos que precedieron las grandes guerras del siglo pasado.
La cita en Río de Janeiro no solo está pensada como una respuesta simbólica al poder de Occidente, sino como una plataforma de acción para los países del sur global. Las tensiones económicas con Washington, la crisis humanitaria en Gaza, y la necesidad de una arquitectura multipolar más justa serán los ejes de una agenda que promete repercusiones más allá del Atlántico.





