
Más allá de la cena y los regalos, esta ceremonia representa el momento cumbre de la Nochebuena en los hogares de México. Conoce el significado profundo de los cantos, los padrinos y el ritual de bienvenida.
En medio del bullicio de la cena, el intercambio de regalos y la música, existe un momento de pausa sagrada que define la Navidad en México. Justo a la medianoche, o minutos antes de servir la comida, las familias se reúnen alrededor del “Nacimiento” para realizar una de las tradiciones más entrañables de nuestra cultura: arrullar al Niño Dios. Este acto no es solo una costumbre; es el símbolo de recibir la esperanza y la luz en el hogar.
Un ritual de fe y familia
La ceremonia consiste en “acostar” la figura del Niño Jesús en el pesebre, la cual ha permanecido oculta o cubierta durante el Adviento. Tradicionalmente, son los padrinos —elegidos previamente por la familia— quienes tienen el honor de cargar la imagen.

El ritual comienza con una pequeña procesión dentro de la casa, a menudo iluminada por luces de bengala que sostienen los invitados. Mientras se entonan cánticos tradicionales y villancicos, el Niño es mecido suavemente en una manta, un pañuelo o una canasta, simulando el arrullo a un recién nacido real.
“A la rorro Niño”: El canto que nos une
No hay arrullo sin el clásico canto de “A la rorro Niño”. Esta canción de cuna, cuyas estrofas han pasado de generación en generación, marca el ritmo del mecido. Letras como “A la rorro Niño, a la rorro ya, duérmete mi bien, duérmete mi amor” resuenan en millones de casas al mismo tiempo, creando una conexión invisible entre las familias mexicanas.
Al terminar el canto, cada miembro de la familia se acerca para besar o hacer una reverencia a la figura antes de que sea colocada finalmente en el pesebre, entre María y José, simbolizando que Jesús ha nacido oficialmente en esa casa.
El papel de los padrinos
Ser padrino o madrina del Niño Dios es un compromiso espiritual importante en la tradición mexicana. No solo son los encargados de acostar al Niño en Nochebuena; también adquieren la responsabilidad de “levantarlo” el 2 de febrero, Día de la Candelaria.
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En esa fecha futura, los padrinos deberán vestir a la figura con ropajes nuevos y presentarla en la iglesia para ser bendecida, cerrando así el ciclo navideño. Es un lazo de compadrazgo que fortalece la unión familiar y la amistad.
Mantener viva la esencia
En tiempos modernos, donde el consumismo a veces opaca el sentido original de la fecha, el arrullo del Niño Dios funciona como un ancla. Nos recuerda que la Navidad (Natividad) celebra un nacimiento. Es el momento de pedir por la paz del hogar, agradecer las bendiciones del año que termina y renovar la fe para el que está por comenzar.





