El oro dulce de Yucatán: la miel que endulza los hogares y conquista al mundo

Presente en la mesa de miles de familias, la miel yucateca es mucho más que un alimento: sostiene una de las actividades productivas más importantes del estado y mantiene a Yucatán como líder nacional en su producción
La miel es uno de esos productos que difícilmente falta en muchos hogares yucatecos. Se usa para endulzar bebidas, aliviar la garganta o como ingrediente de recetas tradicionales, pero detrás de cada frasco existe una industria que ha convertido a Yucatán en el principal productor del país y en uno de los pilares de la apicultura mexicana.
Durante 2025, el estado produjo 9 mil 893 toneladas de miel, equivalente al 16.4 por ciento del total nacional, de acuerdo con cifras de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER). Con este resultado, la entidad volvió a superar a estados como Chiapas, Jalisco, Veracruz y Campeche, reafirmando un liderazgo que ha mantenido durante los últimos años.

La recuperación del sector también refleja el camino recorrido después de 2020, cuando la producción cayó a poco más de 5 mil 500 toneladas debido a la pandemia y a las condiciones climáticas adversas. Aunque todavía no alcanza el récord histórico de 2018, la apicultura yucateca ha recuperado buena parte de su capacidad productiva gracias al trabajo de miles de productores distribuidos en todo el territorio estatal.
Gran parte del prestigio de la miel yucateca proviene de las condiciones naturales de la península. Floraciones como el dzidzilché, el tajonal y el xtabentún aportan características únicas al producto, convirtiéndolo en una de las mieles más apreciadas en mercados europeos y norteamericanos.
Ese reconocimiento también fortalece la presencia de México en el comercio internacional. Durante 2025, el país produjo 60 mil 297 toneladas de miel y exportó cerca de 26 mil toneladas a una treintena de países, con Alemania y Estados Unidos entre sus principales compradores.
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Además de su valor económico, la miel conserva un lugar importante dentro de la tradición yucateca. Durante generaciones ha sido utilizada como remedio casero para aliviar la tos, reducir irritaciones de garganta y complementar la alimentación diaria gracias a sus propiedades antioxidantes y antibacterianas. En muchas comunidades rurales, su producción también representa un vínculo directo con el conocimiento heredado por la cultura maya, particularmente con la crianza de la Xunáan Kaab, la abeja melipona sin aguijón considerada una especie emblemática de la región.
Pese a mantener el liderazgo nacional, la apicultura enfrenta retos cada vez más complejos. Las olas de calor, las sequías prolongadas y las lluvias irregulares han alterado los ciclos de floración, reduciendo la disponibilidad de alimento para las abejas y afectando la productividad de las colmenas. A ello se suman la deforestación, que disminuye la presencia de especies nativas de las que depende la actividad, y plagas como el ácaro varroa y el escarabajo de la colmena, consideradas entre las principales amenazas sanitarias para los apiarios.

Especialistas y productores también han advertido sobre el impacto del uso de pesticidas en zonas agrícolas cercanas, un factor que incrementa la mortalidad de las abejas y pone en riesgo la estabilidad de las colonias.
Más allá de las cifras de producción y las exportaciones, la miel continúa siendo uno de los mayores orgullos del campo yucateco. Cada cosecha representa el esfuerzo de miles de familias que han hecho de la apicultura una forma de vida y una tradición que ha trascendido generaciones. Hoy, el desafío para Yucatán no es únicamente conservar el primer lugar nacional, sino garantizar que ese oro dulce siga encontrando flores, colmenas y manos dispuestas a mantener viva una actividad esencial para la economía, la biodiversidad y la identidad del estado.




