
Antes de que amanezca y con temperaturas que sorprenden incluso a los yucatecos más acostumbrados al calor, los comerciantes de los principales mercados ya están de pie desde las 4 de la mañana.
Mientras la ciudad duerme, ellos enfrentan el frío con café hirviendo, suéteres en capas, calcetines dobles y rebozos bien ajustados, permaneciendo varias horas de pie para que los puestos estén listos desde temprano.
En medio de vapor, manos entumidas y jornadas que no se detienen, el corazón de los mercados late incluso en las madrugadas más frías.
El descenso de las temperaturas transforma la dinámica habitual en estos espacios. Los pasillos, que normalmente se llenan de calor humano desde muy temprano, hoy reciben a los locatarios con aire helado que se cuela entre lonas y estructuras metálicas. El frío se siente con mayor intensidad durante las primeras horas, cuando el cuerpo aún no entra en ritmo y el sol tarda en aparecer.
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Para resistir las bajas temperaturas, cada comerciante recurre a estrategias propias. El café y el atole se consumen de manera constante, no solo como bebida, sino como una forma de mantenerse activos.
Las prendas tradicionales, como los rebozos, se combinan con chamarras, suéteres gruesos y bufandas, mientras que algunos optan por guantes o cubrirse las manos con trapos para seguir trabajando.
Mayor dificultad
La jornada resulta especialmente pesada para quienes deben lavar, cargar o acomodar mercancía con agua fría, como en las áreas de verduras, pescados y carnes. Permanecer varias horas de pie, con humedad y viento, representa un reto adicional que se suma al cansancio habitual de los días de mercado.
A pesar de las condiciones, los comerciantes mantienen sus horarios sin modificaciones. Desde temprano, los puestos deben estar listos para recibir a los primeros compradores, muchos de ellos también sorprendidos por el frío al iniciar su día. La venta continúa, aunque el ritmo suele ser más lento durante las primeras horas, cuando la prioridad es mantenerse abrigado.
Lejos de detener la actividad, las bajas temperaturas han reforzado la resistencia que caracteriza a quienes trabajan en los mercados.
Entre tazas de café, vapor que sale de las cocinas y ropa abrigadora, los comerciantes sostienen una rutina que no entiende de climas extremos y que, incluso en el frío, mantiene vivos estos espacios fundamentales para la vida diaria.





