Uno de cada tres estudiantes en Yucatán trabaja y estudia, con riesgos para su salud mental
Cerca de 50 mil jóvenes yucatecos combinan empleo y estudios, una doble jornada que puede provocar estrés, ansiedad, insomnio y agotamiento emocional.

Alrededor de 50 mil jóvenes de Yucatán combinan sus estudios de preparatoria o universidad con un empleo para cubrir sus gastos, una doble jornada que puede afectar su salud mental cuando las responsabilidades académicas, laborales y económicas rebasan su capacidad de descanso y organización. El psicoterapeuta Roger Moreno Reyes advierte sobre señales como ansiedad, irritabilidad, insomnio y agotamiento emocional, que pueden interferir en el desempeño escolar y laboral.
De acuerdo con estimaciones elaboradas a partir de cifras demográficas y educativas atribuidas al Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y a DataMéxico, en el estado viven cerca de 395 mil jóvenes de entre 15 y 24 años, de los cuales alrededor de 150 mil cursan estudios de nivel medio superior y superior. Si se considera que unos 50 mil estudiantes también trabajan, aproximadamente uno de cada tres combina ambas actividades.
Mantener al mismo tiempo un empleo y los estudios implica cumplir con horarios laborales, entregar tareas, preparar exámenes y responder a compromisos económicos. Moreno Reyes explicó que esta carga puede convertirse en una fuente de desgaste emocional cuando el tiempo disponible y los recursos personales no son suficientes para atender todas las exigencias.
Entre las manifestaciones más comunes de la sobrecarga se encuentran la ansiedad, la irritabilidad, las alteraciones del sueño y la dificultad para concentrarse. El estrés prolongado también puede acompañarse de dolores de cabeza, tensión muscular y molestias digestivas. Cuando estos síntomas persisten, pueden afectar las calificaciones, la productividad en el trabajo y las relaciones personales.
El especialista señaló que es importante distinguir el cansancio habitual del agotamiento emocional que permanece incluso después de intentar descansar. La sensación de no poder cumplir con las responsabilidades, la frustración y la pérdida de motivación pueden indicar que la presión está rebasando los recursos de la persona. En el ámbito laboral, el estrés crónico puede relacionarse con el síndrome de burnout, aunque su identificación requiere una valoración profesional.
Las señales también pueden observarse en los cambios de comportamiento. El aislamiento, las alteraciones persistentes del sueño, la pérdida de interés en actividades que antes disfrutaban y los problemas para mantener la atención son motivos para prestar atención. Familiares y amistades pueden ayudar al escuchar sin juzgar, evitar minimizar las preocupaciones y ofrecer apoyo concreto.
Para quienes estudian y trabajan, establecer prioridades realistas, organizar las actividades y procurar horarios regulares de sueño y alimentación puede contribuir a manejar la presión cotidiana. También es importante reservar momentos de descanso y mantener contacto con personas de confianza, especialmente cuando se vive solo o se cuenta con una red de apoyo limitada.
Moreno Reyes explicó que, cuando la ansiedad, el insomnio o el agotamiento interfieren con las actividades diarias, buscar atención psicológica permite recibir orientación profesional. Pedir ayuda no significa abandonar las responsabilidades, sino identificar alternativas para atenderlas sin descuidar la salud.
La combinación de empleo y estudios representa para miles de jóvenes una vía para continuar su formación y solventar sus gastos. Reconocer el desgaste que puede generar esta doble jornada y atender las señales de alerta a tiempo resulta fundamental para evitar que la presión académica y económica deteriore su bienestar emocional.




