Capirotada, el postre tradicional mexicano que resiste el paso del tiempo
Este platillo de vigilia con raíces romanas y españolas enfrenta el riesgo de desaparecer de la cocina popular mexicana

La capirotada, uno de los postres más emblemáticos de la gastronomía mexicana durante la Cuaresma y Semana Santa, conserva una historia que se remonta a la antigua Roma. Aunque su popularidad ha disminuido en mercados y cocinas tradicionales, especialistas destacan su valor cultural e histórico.
Considerada uno de los postres más representativos de la cocina tradicional mexicana, la capirotada ha perdido presencia en mercados, fondas y cocinas económicas donde anteriormente era común encontrarla durante temporadas de vigilia.
Preparada con pan, miel de piloncillo, canela, queso, cacahuates y pasas, esta receta forma parte de las tradiciones gastronómicas ligadas a la Cuaresma y Semana Santa en México.
Especialistas en cocina tradicional advierten que el platillo enfrenta el riesgo de desaparecer poco a poco del repertorio culinario popular, pese a su profunda historia y relevancia cultural.
Un origen que se remonta a la antigua Roma
El antecedente más antiguo de la capirotada aparece en textos culinarios romanos recopilados en “De re coquinaria”, atribuido a Apicius entre los siglos IV y V.
Aquella preparación, conocida como Sala Cattabia, ya incluía elementos que hoy caracterizan a la capirotada: capas de pan remojado combinadas con distintos ingredientes y aderezos.
Con el paso del tiempo, la receta evolucionó en Europa y fue adaptándose en recetarios españoles como “El libro de cozina”, de Roberto de Nola, y “Arte de cocina, pastelería y conservería”, de Francisco Martínez Montiño.
Estas versiones incorporaban carnes, quesos y especias, además de mantener la característica técnica de preparar el platillo por capas.
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La llegada de la capirotada a México
La capirotada llegó a México durante la época colonial junto con la gastronomía española y rápidamente se adaptó a los ingredientes y costumbres novohispanas.
En recetarios del siglo XVIII ya aparecía como un platillo de vigilia sin carne, elaborado con pan, queso y aderezos condimentados con ingredientes locales como jitomate.
Con el paso de los siglos, la versión dulce ganó popularidad en distintas regiones del país y se convirtió en uno de los alimentos típicos de la temporada de Cuaresma.
Durante el siglo XX, cocineras tradicionales como Josefina Velázquez de León ayudaron a preservar la receta en libros de cocina mexicana.
Un platillo con presencia internacional
Aunque suele asociarse con México, la capirotada comparte similitudes con preparaciones de otros países como Puerto Rico, Guatemala, Venezuela e incluso Inglaterra, donde existe el tradicional “bread and butter pudding”.
Especialistas consideran que este postre representa una muestra de cómo las tradiciones culinarias evolucionan y viajan entre culturas sin perder su esencia original.
Actualmente, la capirotada es vista como un símbolo de la cocina tradicional mexicana y una receta que busca mantenerse viva entre nuevas generaciones.




