Opinión

Cinco cosas que crees hacer bien como líder(Hasta que te INCOMODAS)

Impacto en Los Negocios por Mario Elsner

Opinión | 03/11/2026| 22:09

Hay algo bastante curioso que ocurre cuando llevas varios años siendo gerente, directivos o dueños del mundo mundial.
Empiezas a dar por hecho que sabes hacer ciertas cosas.
Sabes comunicar porque llevas veinte años hablando con equipos. Sabes delegar porque todos los días repartes responsabilidades. Sabes escuchar porque tienes juntas uno a uno. Sabes dar retroalimentación porque cada año participas en las evaluaciones de desempeño y, por supuesto, sabes motivar porque has conseguido resultados con diferentes personas.
El problema es que hacer algo durante muchos años no necesariamente significa hacerlo bien.
Piénsalo fuera del trabajo.
Hay personas que llevan treinta años manejando y siguen estacionándose de la fregada. Otras cocinan todos los días y nadie quiere repetir su comida. Y seguramente conoces a alguien que lleva toda la vida jugando futbol y todavía no aprende a pasar el balón.
La experiencia ayuda, pero también tiene una trampa: podemos volvernos extraordinariamente buenos repitiendo nuestros propios errores.
En liderazgo ocurre exactamente lo mismo.
Y creo que es uno de los grandes problemas de la Escuela del Liderazgo Jurásico. Nos enseñaron a valorar muchísimo los años de experiencia, pero pocas veces nos detenemos a cuestionar qué tan bien estamos haciendo aquello que repetimos todos los días.
Lo digo porque también me pasó.
Durante buena parte de mi carrera creí que comunicar significaba explicar claramente lo que quería. Si alguien no entendía, volvía a explicarlo. Si seguía sin entender, lo explicaba más fuerte o con más detalle.
Hasta que empecé a descubrir que podía hablar durante cuarenta minutos y salir de una junta con cinco personas que habían entendido cinco cosas diferentes.
Yo había hablado.
Pero no necesariamente había comunicado.
Y ese pequeño descubrimiento me hizo cuestionar muchas otras habilidades que consideraba dominadas.
Por eso hoy quiero proponerte un ejercicio diferente.
No voy a darte los típicos diez mandamientos del buen líder. Probablemente ya los conoces.
Quiero que los pongamos a prueba.
Porque quizá lo que más te está frenando en tu liderazgo no sea aquello que todavía no sabes hacer, sino aquello que llevas años haciendo sin cuestionarte si realmente lo haces bien.

  1. Crees que te conoces porque sabes cuáles son tus fortalezas
    En alguna capacitación seguramente te pidieron escribir tres fortalezas y tres áreas de oportunidad. Y probablemente respondiste algo como orientación a resultados, pensamiento estratégico, comunicación y, si querías verte especialmente humilde, que a veces eres demasiado exigente contigo mismo.
    Qué bonito.
    Pero conocerte como líder no consiste en tener una descripción favorable de tu personalidad.
    Consiste en entender cómo te comportas cuando las cosas no salen como esperabas.
    Porque es relativamente fácil ser paciente cuando todo funciona. Lo interesante es descubrir qué haces cuando alguien comete el mismo error por tercera vez, cuando tu jefe cuestiona una decisión o cuando un colaborador te demuestra que estabas equivocado.
    Ahí aparece tu verdadero estilo.
  2. Crees que conoces a tu equipo porque sabes quién hace qué
    Cuando dirigimos personas solemos conocer bastante bien sus responsabilidades. Sabemos quién vende más, quién entrega tarde, quién domina Excel, quién tiene buena relación con los clientes y a quién debemos llamar cuando aparece una urgencia.
    Pero conocer el desempeño de alguien no significa conocer a la persona.
    Durante años podemos trabajar con un colaborador sin descubrir qué quiere conseguir profesionalmente, qué habilidad le gustaría desarrollar, qué responsabilidad lo está agotando o qué situación le está quitando las ganas de venir a trabajar.
    Y después nos sorprende cuando renuncia.
    No porque necesariamente pudiéramos evitarlo, sino porque ni siquiera sabíamos que estaba pensando en irse.
  3. Crees que generas confianza porque tu equipo te obedece
    Esta es particularmente peligrosa.
    Hay equipos que cumplen, contestan rápido, nunca contradicen al jefe y parecen extraordinariamente disciplinados.
    Desde afuera puede parecer confianza.
    Pero también puede ser miedo.
    La diferencia aparece cuando alguien tiene que darte una mala noticia, reconocer un error o decirte que tu propuesta no va a funcionar.
    Si todos están de acuerdo contigo durante las juntas, pero después descubres que tenían dudas que nadie se atrevió a expresar, quizá no construiste un equipo alineado.
    Construiste uno que aprendió a protegerse.
  4. Crees que comunicas porque explicas todo
    Esta la conozco bastante bien.
    Preparas una presentación, explicas los objetivos, compartes información, mandas un correo de seguimiento y terminas convencido de que todo quedó perfectamente claro.
    Tres días después descubres que alguien está trabajando en algo completamente diferente.
    Entonces aparece nuestra respuesta favorita:
    “¡Pero si lo expliqué en la junta!”
    Sí.
    Lo explicaste.
    El problema es que la comunicación no se mide por lo que dijiste, sino por lo que los demás entendieron y pudieron hacer con ello.
    Una práctica que cambiaría inmediatamente es dejar de cerrar las reuniones preguntando “¿alguna duda?”. Esa pregunta suele producir un silencio maravilloso que confundimos con comprensión.
    Mejor pregunta:
    “Antes de cerrar, ¿cómo entendieron lo que necesitamos conseguir y qué hará cada uno?”
    Quizá descubras que tu mensaje no estaba tan claro como imaginabas.
    Y qué bueno descubrirlo antes de que se convierta en un problema.
  5. Crees que escuchas porque dejas hablar
    Escuchar es otra habilidad que todos presumimos dominar.
    El problema es que muchas veces, mientras la otra persona habla, nosotros ya estamos preparando la respuesta.
    Nos cuenta un problema y antes de que termine ya sabemos cómo resolverlo. Nos propone una idea y rápidamente identificamos por qué no funcionará. Nos cuestiona una decisión y empezamos mentalmente a construir nuestra defensa.
    Técnicamente dejamos hablar.
    Pero no necesariamente escuchamos.
    Yo haría una prueba bastante sencilla durante tu próxima junta uno a uno: cuando alguien termine de explicarte algo, antes de responder, intenta resumir lo que entendiste.
    “Déjame ver si te entendí bien…”.
    Y después pregunta si tu interpretación es correcta.
    Te sorprendería descubrir cuántas veces estabas respondiendo a algo que la otra persona nunca quiso decir.
    La pregunta incómoda de esta semana.
    Durante años pensé que crecer profesionalmente significaba ir acumulando experiencia, conocimientos y responsabilidades.
    Y claro que todo eso importa.
    Pero con el tiempo descubrí que existe otro tipo de crecimiento que puede ser mucho más difícil: cuestionar aquello que ya consideras dominado.
    Eso duele un poquito más.
    Porque no estamos cuestionando una habilidad nueva.
    Estamos cuestionando una parte de nuestra identidad profesional.
    Y justamente ahí empieza Liderazgo Incómodo™.
    Porque ser incómodo es el nuevo liderazgo, y no podemos pretender cuestionar los procesos, las decisiones, la cultura o las personas de nuestra organización si no estamos dispuestos a cuestionar también nuestra propia manera de liderar.
    La experiencia puede ser una extraordinaria maestra.
    Pero también puede convertirse en una excusa maravillosa para dejar de aprender.
    Así que esta semana te dejo una pregunta que me parece bastante más útil que preguntarte cuántos años llevas siendo gerente:
    ¿Qué habilidad de liderazgo crees dominar simplemente porque llevas muchos años haciéndola?
    Quizá ahí está tu siguiente gran oportunidad de crecimiento.
    Porque nadie nos enseñó a estar a cargo.
    Pero eso tampoco significa que podamos dejar de aprender.

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