Del campo al taller: así mantienen viva una tradición de Yucatán
Una red de 20 campesinos recupera materiales para mantener viva la artesanía tradicional

Con más de 20 años de trabajo artesanal, Alfredo Poot Dzib involucra a 20 campesinos de distintos municipios y comisarías del estado para recuperar el cultivo de materiales naturales utilizados en piezas talladas a mano, además de posicionar sus artesanías en hoteles y restaurantes y siendo uno de sus principales retos es preservar estas técnicas, capacitar a nuevos artesanos y lograr que más jóvenes se interesen en aprenderlas.
El artesano explicó que su trabajo parte del aprovechamiento de materiales que forman parte de la tradición de las comunidades mayas y que anteriormente tenían diversos usos, entre ellos el almacenamiento de alimentos. Actualmente, estos recursos son transformados en piezas decorativas y utilitarias mediante procesos completamente artesanales.
Entre las creaciones que realiza se encuentran piezas talladas a mano con figuras de animales, como patos y jaguares, además de grecas y otros elementos relacionados con la cultura maya. Cada diseño requiere conocimientos y técnicas específicas que Poot Dzib desarrolla y perfecciona durante sus años de trabajo.
Uno de los mayores desafíos que enfrentó fue encontrar nuevamente la materia prima, debido a que durante un período dejó de cultivarse de manera regular.
Ante esta situación, comenzó a recorrer distintas comisarías para establecer contacto con productores y recuperar el cultivo de los materiales necesarios para continuar con la elaboración de las artesanías.
A partir de este proceso, el proyecto fue creciendo hasta integrar a 20 campesinos de diferentes comunidades, quienes actualmente se encargan de producir los materiales que posteriormente son utilizados para la elaboración de las piezas. La producción también se organiza de acuerdo con el material y las habilidades de cada persona.
Poot Dzib no se limitó a adquirir la materia prima, sino que también ha comenzado a compartir sus conocimientos con algunos de los campesinos que participan en el proyecto. De esta manera, varios de ellos han pasado de ser productores de materiales a involucrarse directamente en la elaboración de artesanías.
Para el artesano, esta transmisión de conocimientos resulta fundamental para evitar que las técnicas desaparezcan. Sin embargo, reconoció que acercar a las nuevas generaciones representa un reto, debido a que son pocos los jóvenes que muestran interés inicialmente por aprender un oficio que requiere tiempo, práctica y dedicación.
Consideró que el interés puede crecer cuando las nuevas generaciones conocen directamente el proceso, desde el cultivo de la materia prima hasta la transformación del material en una pieza terminada y su posterior comercialización.
Por ello, busca que el proyecto también funcione como una forma de enseñar que la artesanía tradicional puede convertirse en una actividad productiva.
Además de las piezas talladas, el proyecto contempla incorporar otras técnicas artesanales, como el punto de cruz en los calabazos, lek, jícaras y demás, aprovechando los conocimientos de personas que ya dominan este tipo de bordado para aplicarlo en materiales naturales y crear nuevos diseños.
Las piezas elaboradas por Poot Dzib pueden encontrarse en Valladolid, donde también comercializa su trabajo los domingos en el parque de la ciudad.
De esta manera, mantiene abierto un espacio para acercar estas artesanías al público y continuar con una actividad que combina el rescate de materiales naturales, la generación de trabajo y la preservación de conocimientos tradicionales.
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DE LA APICULTURA A LAS CONSERVAS
Mireya Balam Kú y su familia, con 75 años de tradición familiar en la apicultura, convirtieron el conocimiento heredado y los recursos del estado en productos naturales que buscan llevar más allá del estado: miel de melipona, cosmética y conservas elaboradas con frutos de árboles preservados por generaciones, algunos con certificaciones y patente; ahora, el reto es conseguir el capital para aumentar la producción y posicionar este valor yucateco en nuevos mercados.
El proyecto familiar tiene como base el trabajo de su padre, quien a sus 81 años acumula 75 años de experiencia en la apicultura, actividad que aprendió desde los seis años.
Durante su trayectoria participó en la producción de abejas reinas y en el manejo de abejas africanizadas cuando comenzaron a llegar a la península de Yucatán.
Con ese conocimiento, la familia desarrolló una variedad de productos derivados de la actividad apícola, como miel, propóleo, polen, jalea real y cera de abeja. Posteriormente, Mireya y su hermana se incorporaron para ampliar la oferta y desarrollar productos con mayor valor agregado.
Entre ellos se encuentra una línea de cosmética natural a base de miel de melipona, pero la producción familiar también aprovecha otros recursos que permanecieron durante generaciones en su entorno, particularmente árboles frutales cuyos frutos son utilizados para elaborar conservas y mermeladas.
Mango, papaya, tamarindo, ciruela y otras frutas de la región son transformadas en productos que buscan conservar sus características naturales.
Una de las presentaciones combina mango con chile habanero asado en leña y pulpa natural de la fruta, mientras que también elaboran pulpa de tamarindo endulzada únicamente con miel.




