
El “banderazo” colombiano frente al Ángel de la Independencia, las familias que llegaron desde Uzbekistán para seguir a su equipo, los aficionados de Marruecos y de Francia coreando en las plazas de la ciudad. Así se vivió la primera semana del Mundial en la Ciudad de México, una ciudad que recibe al mundo y lo hace suyo.
El Estadio Ciudad de México volvió a hacer historia con la inauguración del 11 de junio. La organización fue extraordinaria y el inmueble cargó con su propia memoria, de modo que millones de personas en el mundo la calificaron como la mejor de las inauguraciones entre los tres países anfitriones. Hubo un gesto que vale la pena subrayar, la Presidenta Claudia Sheinbaum y la Jefa de Gobierno Clara Brugada vieron el partido en el Deportivo Hermanos Galeana, en Gustavo A. Madero, rodeadas de la gente que llenaba las sillas como cualquier vecino más.

El gobierno de la Ciudad estimó que los Festivales Futboleros gratuitos reunieron cerca de 200 mil personas apoyando a la Selección. Estos espacios transmiten todos los partidos donde participa México y están en sitios públicos y deportivos de cada alcaldía, porque la idea es llevar el futbol a cada rincón de la Ciudad sin que nadie tenga que pagar para sentirse parte. El partido inaugural de México contra Sudáfrica tuvo un impacto económico en la Ciudad de México repartido en restaurantes, hoteles, transporte, comercios y la venta de recuerdos. La pregunta es qué significa esto para quien vive aquí y no necesariamente compró un boleto.
La respuesta está en la naturaleza de estos Festivales. Tienen las características de un bien público, pues nadie queda excluido de su disfrute y el que una persona los goce no le resta nada a los demás. Cualquiera puede llegar a una de las sedes y ver el partido, de manera que el espacio público se vuelve el verdadero protagonista del ambiente mundialista. Generar esa fiesta colectiva tiene además un beneficio que no aparece en las cifras, el recuerdo de haber vivido el Mundial en la Ciudad, una memoria compartida que queda mucho después de que el balón deje de rodar.
Ningún deporte logra lo que el futbol al producir esa sensación de pertenencia y comunidad, y ninguna ciudad como la nuestra para recibir al mundo y volverlo familia. La primera semana apenas nos dio una muestra. Quien venga a vivirla con nosotros difícilmente va a querer irse.
Del 18 al 21 de junio corre “La Gran Escapada, el Buen Fin del Turismo”, con promociones en todo el país. Buen momento para que la fiesta mundialista llegue también a las micro y pequeñas empresas, que son las que sostienen la economía de los barrios.




