
Hay catrinas que caben en una mesa, otras que se colocan en una ofrenda y están las de Sol Tello, que pueden alcanzar casi los dos metros de altura y convertirse en el centro de atención de cualquier espacio.
Hace nueve años, Sol comenzó a crear estas figuras sin imaginar que terminarían convirtiéndose en un emprendimiento. Todo empezó con una inquietud sencilla: quería una catrina para decorar su jardín, pero ninguna de las que encontraba era como la imaginaba. En lugar de seguir buscando, decidió hacerla con sus propias manos.
Así comenzó a reunir papel, tubos de cartón y otros materiales reciclados que pudieran servirle para construir la estructura. Tampoco tenía contemplado que aquella primera pieza terminaría siendo monumental. Conforme avanzaba en el proceso, descubrió que podía darle mayor volumen y altura, hasta alcanzar entre 1.80 y 1.90 metros.
La primera catrina llamó la atención de quienes la conocieron y, poco a poco, comenzaron a llegar solicitudes para rentarla en negocios y eventos especiales. Después surgieron los pedidos personalizados y Sol encontró una oportunidad para convertir aquello que hacía por gusto en un emprendimiento dedicado a la elaboración de catrinas y catrines monumentales.
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Cada pieza comienza mucho antes de que llegue octubre. Sol abre sus pedidos durante los primeros meses del año y suele cerrarlos alrededor de abril, pues necesita aproximadamente tres meses para elaborar cada figura. El tiempo depende del tamaño, los detalles y, sobre todo, de lo que cada cliente quiera plasmar en ella.
Sus creaciones se distinguen por el color y el volumen. Algunas llevan flores, sombreros, calaveras, elementos de vestimenta y distintos accesorios, siempre de acuerdo con el diseño solicitado. El precio parte de alrededor de 5 mil pesos, aunque puede aumentar según la cantidad de detalles, colores, ropa y accesorios que lleve cada pieza.
Para Sol, detrás de cada catrina hay mucho más que papel, cartón y pintura. Está el tiempo dedicado a construirlas, la creatividad para transformar materiales que podrían terminar como desecho y, sobre todo, el gusto por un oficio que encontró casi por casualidad.
Nueve años después de aquella primera búsqueda para decorar su jardín, las catrinas monumentales se han convertido en una parte importante de su trabajo. Un proyecto que nació de no encontrar la pieza que buscaba terminó llevándola a crear las suyas y a descubrir que también había personas dispuestas a llevar un pedazo de ese trabajo artesanal a sus propios espacios.




