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“Licham”: el despertar del cine tsotsil que desafía el patriarcado y la mirada colonial

Se posiciona como un acto de autorrepresentación que rompe con la mirada externa y colonial sobre los pueblos originarios

ALCALDÍAS | 06/05/2026| 15:07

A partir del jueves 7 de mayo, las salas de cine en México estrenarán Licham (Morí), la ópera prima de la cineasta maya-tsotsil Ana Ts’uyeb, una obra que no solo ha sido reconocida por la crítica —al obtener el Ojo a Mejor Documental en el Festival Internacional de Cine de Morelia 2024—, sino que también se posiciona como un acto de autorrepresentación que rompe con la mirada externa y colonial sobre los pueblos originarios.

El documental sigue las historias de Juana, Margarita y Faustina, tres mujeres de la comunidad de Naranjatic Alto, en Chenalhó, Chiapas, quienes atraviesan procesos marcados por distintas formas de violencia.

A través de sus vivencias, la cinta explora el duelo entendido como una “muerte interna”, una experiencia que, impulsada por la ideología zapatista, se transforma en un proceso de conciencia, cuestionamiento y defensa del territorio.

En entrevista para El Momento Metropolitano, Ts’uyeb explica que Licham nace desde una necesidad personal y colectiva de replantear cómo se cuentan las historias indígenas.

“Muchas veces nuestra identidad se narra desde etiquetas; se romantiza, folcloriza o estigmatiza”, señala. Frente a ello, la directora apuesta por una narrativa desde la “viva voz” y el “sentipensar”, donde el cine se convierte no solo en registro, sino en un posicionamiento político: “El cine contemporáneo es rebeldía, dignidad y narrativa propia”.

Cuestionar los “usos y costumbres”

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Estreno de Licham (Morí) (Foto de Sandra Rojas)

Uno de los ejes más potentes de la película es la crítica a las estructuras patriarcales que persisten dentro de las comunidades, así como a la romantización externa de la vida indígena. Ts’uyeb subraya que buscó alejarse de las miradas antropológicas tradicionales que suelen omitir las violencias internas.

“Me cansé de escuchar desde la academia donde se romantiza muchísimo nuestro contexto cultural… Licham no victimiza ni romantiza, plantea una realidad desde una experiencia propia”, afirma.

En este sentido, la película también aborda la relación entre tierra y autonomía. Para las protagonistas, el acceso a la tierra no es solo un recurso, sino la posibilidad de decidir sobre sus vidas, romper el silencio impuesto y construir una existencia libre de violencia.

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La incomodidad como punto de partida

El impacto del documental no se limita a las audiencias externas. Dentro de la propia comunidad, la obra ha generado reflexiones profundas, especialmente entre los hombres.

La directora comparte que uno de los primeros espectadores fue su padre, cuya reacción marcó un momento clave: “A los hombres no nos gusta que nos confronten… estamos acostumbrados a que una mujer calle”, le dijo tras ver la película, reconociendo la incomodidad necesaria que provoca.

Esa experiencia también refleja el propio recorrido de Ts’uyeb, quien tuvo que desafiar expectativas familiares que la encaminaba a un destino tradicional. Al romper con ese esquema, busca abrir nuevas posibilidades para otras niñas y jóvenes dentro de su comunidad.

La llegada de Licham a salas comerciales marca un precedente para el cine chiapaneco e indígena en México. Distribuida por Artegios, la película se exhibirá en complejos como Cinépolis, espacios históricamente limitados para este tipo de producciones.

“Es algo que nunca había sucedido. En Chiapas están muy emocionados porque es el primer documental que llega a un estreno oficial en salas comerciales”, destaca la cineasta, quien también busca desmontar el estigma del llamado “cine indígena” como técnicamente deficiente o narrativamente débil.

Además de su estreno nacional, la cinta continuará su recorrido internacional en festivales como Hot Docs en Toronto y Sheffield Doc Fest en Inglaterra durante 2025, consolidando su relevancia en el circuito documental.

Con Licham, Ana Ts’uyeb no solo presenta una historia íntima y colectiva, sino que abre un espacio de discusión sobre identidad, territorio y resistencia. La película, dice, es “una historia de mucha dignidad y transparencia”, que invita al espectador a mirar más allá de los estereotipos y confrontar realidades que durante mucho tiempo han permanecido fuera de cuadro.

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