Refettorio Mérida busca más manos para mantener su labor de alimentar con dignidad
A casi seis años de operación, el comedor comunitario atiende a cerca de 20 mil personas, sirve 400 comidas diarias y enfrenta el reto de aumentar su número de voluntarios para continuar con su misión

A punto de cumplir seis años de operación, el Refettorio Mérida se ha convertido en un espacio que va más allá de un comedor comunitario: desde 2020 ha atendido a cerca de 20 mil personas en situación de vulnerabilidad, sirve alrededor de 400 comidas dignas cada día y transforma alimentos rescatados en platillos de calidad. Sin embargo, para mantener esta labor enfrenta un reto constante: la falta de voluntarios.
La directora de Fundación Palace, Rocío Aguilar Ustarán, explicó que actualmente cuentan con 12 voluntarios permanentes, cuando la operación requiere alrededor de 25 personas para cubrir las actividades de preparación, servicio y acompañamiento de los invitados.

Ubicado en una antigua casona del Centro Histórico de Mérida, en la esquina de las calles 60 y 71, el Refettorio inició operaciones en 2020 con el objetivo de brindar alimentación digna a personas en situación de calle, adultos mayores en abandono y madres autónomas.
Con el paso del tiempo, el proyecto evolucionó hacia un modelo integral en el que, además de ofrecer alimentos, busca fortalecer la autonomía y generar nuevas oportunidades para quienes atraviesan condiciones de vulnerabilidad.

Aguilar Ustarán destacó que uno de los principales valores del Refettorio es reconocer la dignidad de las personas que llegan al espacio, por lo que son llamados “invitados” y no beneficiarios o usuarios.
“Todos tienen derecho a acceder a platillos dignos; la buena alimentación es un derecho, no un privilegio de unos cuantos”, afirmó.
Para mantener sus menús, el comedor trabaja en coordinación con el Banco de Alimentos de Mérida, institución que canaliza frutas, verduras y otros productos que aún son aptos para consumo, pero que ya no pueden comercializarse por cuestiones de apariencia o excedentes.
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Estos alimentos son transformados por chefs y voluntarios en preparaciones equilibradas, demostrando que el rescate alimentario puede convertirse en una herramienta para combatir al mismo tiempo el desperdicio y la falta de acceso a una alimentación adecuada.
Actualmente, el Refettorio atiende de manera fija a cerca de 100 personas durante periodos de 90 días, con la intención de que durante ese tiempo puedan adquirir herramientas que les permitan reconstruir su proyecto de vida y posteriormente abrir espacio para nuevas personas.

Como parte de este proceso surgió “La Escuelita”, un programa de capacitación en panadería y cocina básica que busca brindar habilidades para generar ingresos mediante el autoempleo.
“Aquí lo que tratamos de hacer no es solamente darle el pescado a la persona, sino enseñarle a pescar. Se enseña panadería y cocina básica para que puedan autoemplearse y salir de esa situación de vulnerabilidad de manera autosuficiente”, explicó Aguilar Ustarán.
Además del voluntariado, la organización mantiene la necesidad de recibir donaciones de alimentos, ropa, calzado y aportaciones económicas para fortalecer su operación y ampliar el número de personas atendidas.
Para el Refettorio Mérida, cada comida representa una oportunidad de brindar apoyo, recuperar la confianza y demostrar que la alimentación también puede ser una herramienta para devolver esperanza y dignidad a quienes más lo necesitan.




